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10 PROMESAS MILAGROSAS

Posted by ruthxa en mayo 2, 2008

Correctamente comprendido, el bien conocido Decálogo – los Diez Mandamientos de Dios – que muchos consideran una lista de cosas agradables que están prohibidas (“No harás esto o aquello”), resulta ser algo completamente distinto. Son diez promesas milagrosas de gozo que Dios nos hace, si estamos dispuestos a creer que el Decálogo contiene las buenas nuevas del Evangelio. Este descubrimiento aligera pesadas cargas  dondequiera que se lo conoce.

Por ejemplo, el mandamiento; “No hurtarás” (Éxodo 20:15), lo que realmente quiere decir es que Dios nos salvará de hurtar aunque sea un cordón de zapatos. Nunca tendremos problemas con esto, aunque estemos solos en la tesorería, con un millón de dolares sobre el escritorio. Dios nos salvará de hurtar.
Y cuando dice: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14), lo que quiere decir es que Dios nos salvará de caer en ese pozo cenagoso, no importa cuán atractiva pueda ser una tentación sexual. Así nos libraremos de toda clase de miserias. Los Diez Mandamientos llegan a ser lo que la mayor parte de la gente nunca se habia imaginado: diez promesas de milagros.

Este descubrimiento de buenas nuevas inesperadas es muy reciente. Es el tema de conversacion en algunos de los círculos mas exclusivos  en que se mueven los estudiosos de la Biblia. Estos sabios han comenzado a dar cuenta de que, asi como el Internet es un descubrimiento que ha revolucionado las  comunicaciones modernas, del mismo modo este descubrimiento va a revolucionar la predicación del evangelio en todo el mundo. La gente está despertando del sueño. ¡Los Diez Mandamientos se han convertido en buenas noticias! Por fin podemos experimentar la libertar que expresa el salmista de la Biblia, cuando declara:
“¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos… Más que todos mis ensañadores he entendido… Más que los viejos he entendido… ¡Cuán dulce son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira” (Salmo 119: 97-104) ¡Qué milagro!

Casi todos, aun los que van a la iglesia, mantienen una relación contradictoria con los Diez Mandamientos, parte odio y parte amor. Estos diez preceptos grabados en frías  tablas de piedra nos han parecido una pesada carga, duras prohibiciones que parecían quitarle todo el gozo a la vida. Todo lo atractico e interesante parecía estar prohibido.
Sin embargo, en lo profundo de nuestro corazon hemos tenido la persistente convicción de que no es correcto quebrantar la ley divina. Pero no lográbamos hallar la manera de guardar estos mandatos. Parecían demasiado dificiles, como si Dios hubiera mandado a Moisés con esas pétreas prohibiciones sólo con el din de echarnos a perder nuestra alegría. Pero ahora viene esta revelación extraordinaria: ¡son diez promesas de victoria! Todo lo que tenemos que hacer es creer en lo que dice el que las hace.

Es probable que hayamos estado citando incorrectamente los Diez Mandamientos. Lo que nos los enseñaron cuando éramos niños, por lo general dejaron de lado el versiculo que Dios colocó al comienzo de la lista. Si lo eliminamos, el Decálogo se convierte verdaderamente en malas noticas; pasa a ser una lista de prohibiciones, un yugo de esclavitud. La gente, y hasta los sacerdotes y maestros, no han logrado comprender cuán importante es no omitir ese pasaje. Aun algunos que pretenden ser especialistas en predicar la ley de Dios, no lo han visto. Aquí esta el versículo de los Diez Mandamientos: ” Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre” (Éxodo 20: 1,2).
¡En otras palabras, Dios comienza dándonos Buenas Nuevas!  Aquí hay cuatro verdades con el poder de la dinamita, que pueden conmover el mundo:

PRIMERA: Dios nos revela su verdadero Nombre: “EL SEÑOR”. En hebreo es Yavé (algunos lo han modificado y dicen “Jehová”), un nombre muy especial que incluye algo muy bueno que necesitamos comprender. El nombre de Jesús en hebreo significa “Jehová salva” . Dios se identifica como “el Salvador del mundo” (S. Juan 4:42). No nos dice “Yo soy tu juez, un severo capataz, tu Legislador que te casticará cualquier transgresion que hagas”. ¡No, mil veces no! En cambio nos dice: “Yo Soy tu Salvador, tu Amigo. Estoy de tu parte, Aquí te traigo algo bueno”.

SEGUNDA: Este versículo ignorado dice que él es Dios de todo ser creado: “Yo Soy el Señor tu Dios”. Ese “tu” se refiere a usted, quienquiera que sea, Quizás diga, “lo siento, pero yo nunca lo he adorado. Soy un pagano, un ateo, o un gran pecador. No merezco que me traiga ninguna buena nueva, como tampoco merecería que alguien me regalara un millón de dólares”. Pero a pesar de ello, Dios le dice “Yo Soy… tu Dios. Te pertenezco aunque no me hayas conocido antes, y hayas actuado como mi enemigo. Yo soy ‘el Dios de toda carne’; y cuando los hombres me crucificaron, oré diciendo: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen'”. Esto lo incluía a usted, amigo lector. ¡Dios lo perdonó a usted antes que lo pidiera” Antes que Dios pronunciara el primero de sus mandamientos, predicó el Evangelio de salvación en esas palabras preliminares.

TERCERA: En un preámbulo, Dios nos dice que el Egipto espiritual no tiene por qué ser nuestra tierra. Esto es cierto aun cuando todos nacimos allí. La tierra de oscuridad no es nuestro verdadero hogar. Por eso Dios habla en tiempo pasado. Dice: “Yo… te saqué  de Egipto, de casa de servidumbre”. Ya te he librado; pero estás como un preso acurrucado en su celda, sin darse cuenta de que las puertas de su prisión están abiertas.  El precioso mensaje de esta introducción a los Mandamientos debe llevarnos a exclamar: “Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo, hijo de tu sierva, tú has roto mis prisiones” (Salmo 116:16). Sepamos esto, y creámoslo, antes de preocuparos de los “No”, es decir de las prohibiciones.

CUARTA: Dios ya nos ha sacado de la “casa de servidumbre”. Así como escogió a Israel para que fuera su “hijo”, del mismo modo nos ha recogido a nosotros en Cristo. Israel nunca fue verdaderamente “esclavo” en Egipto. Los egipcios los hicieron pensar que eran esclavos; por eso fueron, equivocadamente, esclavos. Pero, en realidad, eran un pueblo libre que sólo esperaba que Moisés les dijera la verdad: “¡Levántense y vayan a su propia tierra!”
Lo que el mundo espera escuchar es la verdad del mensaje de Dios en toda su plenitud. El Padre envió a su Hijo con una misión específica: ¡salvar al mundo! Poco antes de su crucifixión, Cristo oró a su Padre, diciendo: “He acabado la obra que me diste que hiciese” (Sn. Juan 17:4). Si hubiera fracasado en su intento de salvar al mundo, ¿cómo podria haber orado así? Los samaritanos fueron los primeros en creer la verdad. Por eso dijeron: “verdaderamente éste es el Salvador del mundo” (S. Juan 2:42). San Juan dijo que el sacrifio de Cristo era la expiacion “por los [pecados] de todo el mundo” (1 S. Juan 2:2).  San Pablo dice que es “Salvador de todos los hombres” (1 Timoteo 4:10), y que ya ha traido salvación “a todos los hombres” (Tito 2:11). ¡Estas expresiones nos incluyen a todos!
¿Cómo pueden ser verdad estas buenas nuevas tan grandes? San Pablo dice que, tal como Adán, nuestro primer padre, que fue la primera cabeza de la raza humana, trajo la “condenación” a “todos los hombres”, así también Cristo, nuestro segundo Adán, ha traído “a todos los hombres” un veredicto de “justificación” que da vida (Romanos 5:15-18). Esto no significa que “todos los hombres” van a ir automáticamente al cielo.  ¡Todos están incluidos! ¡Todos pueden creer! y a menos que ellos no crean y desperdicien la salvación que Dios ya les ha dado “en Cristo”, serán eternamente salvos.
Dios le ha dado a toda la raza humana un nombre: “Adán”. Por naturaleza, todos estamos “en Adán”. Pero el Padre envió a su Hijo al mundo para que se convirtiera en nuestro nuevo Adán, que tomara el lugar del primero. ¡Dios no puede negar a us propio Hijo! Por lo tanto, ha adoptado a toda la raza humana “en Cristo”. Es como si Jesús nos llevara a su casa a cenar, y el Padre dijera: “Bueno, tráelos; los quiero adoptar a todos”. Cuando Jesús fue bautizado en el río Jordán, se oyó una voz que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Sn. Mateo 3:17). ¡Esa voz lo abrazó a usted al mismo tiempo! ¡Todo esto va incluido en el preámbulo de los Diez Mandamientos! ¿Quizás hemos estado en “Egipto” toda nuestra vida, sin conocer nuestra verdadera libertad en Cristo!
Para muchos, el primer mandamiento parece ser el más dificil de obedecer. Dice así: “No tendrás dioses ajenos delante de mi” k (Éxodo 20:3.  Veamos ahora cómo se convierte en una promesa de buenas nuevas. El tener “otros dioses delante” del Señor, puede incluir cualquier cosa o persona que capture la devoción de nuestro corazón en lugar de la que le debemos a él. Podemos sonreír ante la constante tentacion que sentían los israelitas, de adorar a esos ídolos inanimados de manera o piedra, o aun de oro y plata. ¿Cómo podían ser tan necios?
El problema era que se imaginaban que estos inutiles podían darles felicidad, de modo que en sus mentes los ídolos asumían un aura de “santidad”. Isaías describe cuán necia es esa práctica: “El artífice prepara la imagen de talla, el platero le extiende el oro, y le funde cadenas de plata”. “Parte del leño en el fuego… se caliente… y del sobrante hace un dios, un ídolo. Se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: ‘Líbrame'” (Isaías 40:19; 44: 16,17). ¡Qué ridículo!
Nosotros también nos imaginamos que nuestros ídolos modernos nos harán felices. Una casa nueva; un millón de dólares en el banco; algun hombre o mujer que Dios nunca nos dio; los deportes; una carrera egoísta. La lista de nuestros ídolos es interminable. Todos tenemos nuestras tentaciones particulares de poner “otros dioses delante” del verdadero.
“¡Pero la atracción es inmensa!”, dirá alguien. ¿Cómo podemos dominar la infatuación?
Aquí estan las buenas nuevas:  cuando comprendemos y creemos lo que dice el preámbulo de los Diez Mandamientos, cuando apreciamos lo que el Hijo de Dios ha hecho por nosotros, toda esta moderna idolatría pierde su encanto. Ya no cautivan nuestra alma las cruces de oro, plata o madera que vemos en las iglesias; ahora nos motiva la compresión del amor de Dios que se reveló en su cruz. Por fin vemos que nuestros ídolos son sólo cenizas.
Amigo lector, es posible que en este mismo momento usted esté luchando con alguna tentación arrolladora en su corazón, algo que realmente no necesita: tal vez alguna persona ajena a su matrimonio, en lugar de su verdadero Salvador. Antes que decida sacrificar su alma, Dios le muestra en un destello, cuán maravilloso es el cielo. Le revela las verdaderas riquezas de su salvación “en Cristo”. Antes que usted adore algún “ídolo” terrenal, el le muestra cuán preciosa es su amistad eterna. Antes que busque usted realizarse con alguna infatuación prohibida, le muestra el valor eterno del amor verdadero. Le revela un destello de la gloria eterna de la cruz de Jesús.
“Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, casa de servidumbre”. ¿Cómo podríamos ser tan necios como para dejar que cualquier cosa de “Egipto” nos  confunda y desorientes.

Dios nunca nos pide que dejemos algo sin antes de mostrarnos cuán precioso es el don  que ya nos ha dado. Quizás podamos expresarlo de este modo: Dios nunca nos pide que tiremos una muñeca vieja sin antes poner en nuestros braozs un precioso  bebé lleno de vida. Nunca le pedirá que vuelva la espalda a las astutas falsificaciones de Satanás si primero no le ha mostrado cuán precioso es Cristo su Salvador.
¡Oh, sí! Ser herederos de las riquezas del universo “en Cristo”, por toda la eternidad… Es por esto que no podemos  colocar ningun otro “dios” delante del Señor, si de veras creemos la verdad del Evengelio.   La fe es como la dinamita; es poderosa. Da resultados. ¡Nos salva antes de pecar! ¡Nos libra  de pecar!

 En Gálatas 5:16 y 17 encontramos una pequeña gema de verdad. Dice que si dejamos que el Espíritu Santo nos velle de la mano, por haber nosotros escogido caminar con él, ya no haremos lo que quisieramos hacer.
Déjese guiar por el amante Dios cuyo Espíritu le transformará, de modo que ya no podrá hacer lo que antes le separaba de él. Que el amor de Dios sea su defensa ahora y para siempre.   🙂

 

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2 comentarios to “10 PROMESAS MILAGROSAS”

  1. manuel molina said

    hola ruth.. me parecen muy interesantes estos temas, bueno este ultimo si realmente lo tomamos algo asi como prohibiciones, pero estoque he leido realmente te cambia el casset. bueno ya no hay casset. mejor digo me cambia el cd., sigue adelante.. e invita a tus amigas y amigos que te lean. y dejen comentarios… bendiciones

  2. jemimah said

    sabes me llama mucho la atencion que alla gente que realmente le guste escudriñar las escrituras y que se tome el tiempo para p.ublicar este tipo de notas a mi me gustan mucho te felicito y espero que de verdad aiga mucha gente que lo lea me gustaria saber de que religion eres ojala me escribas algo

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